Fortaleciendo el ambiente de cuidado de los niños pequeños
Esta es una versión resumida del documento marco “Fortaleciendo el ambiente de cuidado", una de las tres áreas temáticas esbozadas en la Declaración de intenciones estratégicas de 2007 hasta 2009 de la Fundación Bernard van Leer. Las versiones resumidas de los documentos marco de las otras dos áreas temáticas: "Transiciones exitosas: el continuum desde el hogar hasta la escuela” y de “Inclusión social y respeto por la diversidad”, se publicaron en las dos ediciones anteriores de Espacio para la Infancia.
Antecedentes y contexto
El área temática “Fortaleciendo el ambiente de cuidado" se deriva de la misión de la Fundación Bernard van Leer, que es mejorar las oportunidades de los niños, desde su nacimiento hasta la edad de ocho años, quienes crecen en circunstancias de desventaja social y económica, para que tengan un buen inicio en la vida y aporten una contribución más completa a sus familias, comunidades y sociedades futuras.
Reconocemos a los niños pequeños como personas cuyas capacidades se están desarrollando de forma enérgica y rápida. Fomentamos el desarrollo de dichas capacidades, lo que incluye la eliminación o la reducción de los obstáculos contra su desarrollo. Nuestro trabajo se guía por el derecho de los niños al “desarrollo pleno y armonioso”, tal y como se consagra en la Convención sobre los Derechos del Niño.
Para ayudar a hacer realidad este derecho, la Fundación trabaja en dos ámbitos:
- Apoyamos e informamos a aquellos que se encuentra en el “entorno cercano” de los niños pequeños, especialmente los padres, los cuidadores y los profesores.
- Nuestra intención es ejercer una influencia positiva en aspectos concretos del “entorno más amplio” de los niños pequeños, en el que se incluyen los sistemas y los servicios relacionados con los niños, las decisiones políticas y las relacionadas con los recursos y la opinión de los medios y la pública, especialmente en la medida en que están en conexión con el "entorno cercano".
El marco conceptual
Definimos el concepto de “cuidado” como el conjunto integrado de acciones que garantizan a los niños la sinergia de protección y el apoyo que necesitan para su salud y nutrición, así como para los aspectos físicos, psicosociales y cognitivos de su desarrollo. Nuestra visión del éxito en esta área temática implica, tanto a los padres o cuidadores como a los niños pequeños, en relaciones afectuosas que garanticen una infancia feliz y gratificante, así como un futuro seguro.
El cuidado no se produce porque sí. Los niños pequeños son mejor comprendidos como actores sociales cuya supervivencia, bienestar y desarrollo dependen de relaciones cercanas en torno a las cuales se desarrollan, con sus padres, en primer lugar, aunque también con sus hermanos, compañeros, vecinos y otros adultos no parientes que son importantes para ellos. La importancia de las relaciones tempranas disfruta del apoyo de la evidencia científica y del peso legal y moral de la Convención sobre los Derechos del Niño y la Observación General Nº 7 del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas.
A pesar de ello, en la mayoría de las naciones, unas relaciones fuertes cuidador-niño no son la prioridad. Esto se debe a varios factores, entre los que se incluyen un acceso y una formación inadecuados, la incapacidad de algunas familias para hacer frente a los problemas socioeconómicos y la pobreza, la apatía del gobierno y la falta de reconocimiento de la rentabilidad en relación con la primera infancia. Los esfuerzos de la Fundación deben ofrecer evidencias e intentar abordar estos bloqueos de la forma más amplia posible.
Definimos el concepto "ambiente de cuidado" como los factores que gobiernan el conjunto integrado de acciones que constituyen nuestra definición del concepto de cuidado. Se agrupan en tres categorías, elaboradas según lo siguiente: las creencias y las prácticas existentes, los entornos físicos y sociales y los procesos de intervención. Los factores estresantes durante los primeros años en cualquiera de estas tres categorías pueden afectar al desarrollo completo del niño.
1. Las creencias y las prácticas existentes
En muchos entornos, el creciente número de hogares gobernados por mujeres entre las familias de las clases sociales más desfavorecidas se está convirtiendo en una norma institucional. En las sociedades donde las estructuras familiares se están viendo gravemente erosionadas debido a los efectos del VIH/SIDA, la función de los abuelos ha adquirido una importancia adicional en la atención y cuidado de los niños.
Sin embargo, la crianza de los hijos no se debería equiparar con la maternidad. Los hombres contribuyen más a la casa y a la vida familiar de lo que con frecuencia se les atribuye, pero no siempre se sienten más satisfechos por las actividades que realizan con sus hijos. Es necesario examinar en mayor profundidad la función de los padres, la medida en que la cultura, las creencias, el estatus socioeconómico y otras influencias afectan a su implicación en la atención de los niños, así como los efectos de su presencia y de su ausencia en el desarrollo de los mismos.
Además, también es necesario explorar más profundamente la naturaleza de la amistad y las relaciones de iguales entre los niños, su impacto sobre el desarrollo de los mismos, así como en qué medida los hermanos contribuyen al aprendizaje y el bienestar de los niños pequeños.
Volviendo al asunto del género, en la mayoría de las culturas, los niños han asimilado las funciones de género socialmente aceptadas en el momento en que comienzan su etapa de preescolar. Se trata de forma distinta a los niños y a las niñas en las prácticas de cuidado, aprendizaje y crianza, lo que les afecta negativamente en los asuntos relacionados con la igualdad y las oportunidades iguales para su desarrollo y crecimiento.
Es necesario que comprendamos de dónde proceden las funciones familiares definidas para hombres y mujeres, cómo los padres perpetúan las funciones de género en sus hijos y qué efecto tiene esto, por ejemplo, fomentando la presunción de mayores riesgos entre los chicos. Posteriormente, es necesario analizar cuál es la mejor forma de incorporar una mayor comprensión del género en nuestras intervenciones.
Para avanzar, es necesario que comprendamos mejor los factores que inhiben o que fomentan las interacciones positivas de los padres con los niños pequeños. Entre los factores que limitan la cantidad de atención que los padres y los cuidadores pueden prestar a los niños pequeños se incluye la falta de educación y las prioridades económicas y sociales, como por ejemplo, la necesidad de trabajar muchas horas o de viajar largas distancias hasta el trabajo.
Las tradiciones locales pueden apoyar o inhibir las prácticas adecuadas para la crianza de los hijos. Entre las preguntas que ayudan a determinar cuál es el caso se incluyen: ¿Comprenden los padres que satisfacer las “necesidades” de los niños se refiere únicamente a las necesidades físicas o también a otros aspectos, como mantener conversaciones con los niños o leerles cuentos? ¿Consideran que un niño es "inteligente" porque es obediente o porque realiza muchas preguntas? ¿Qué creen los padres que consiguen con sus prácticas de disciplina?
Las medidas para motivar a los padres y a los cuidadores para que fomenten el desarrollo completo de sus hijos requieren complementar la comprensión de las prácticas tradicionales de crianza con lo que se conoce globalmente sobre los mejores ambientes para lograr un desarrollo infantil óptimo. Las creencias y las prácticas locales se deberían utilizar como punto de partida para el diálogo dirigido hacia la mejora de la calidad de las provisiones y las prácticas de cuidado.
2. Entornos físicos y sociales
Muchos entornos no son conductivos hacia la seguridad, la salud y el aprendizaje de los niños. En especial, la pobreza tiene un impacto importante sobre las relaciones de afecto y los cuidadores. La pobreza puede significar una falta de acceso a los servicios, unas condiciones medioambientales y un suministro de materiales inadecuados, la inestabilidad social y unos cuidadores con exceso de trabajo o desmoralizados. La pobreza también se asocia a la maternidad temprana, que estadísticamente sitúa al niño en una situación de mayor riesgo.
Existe escaso conocimiento sobre cómo los niños experimentan la pobreza y es necesario saber más cosas sobre las relaciones entre los estilos de crianza de los hijos y la pobreza; adicionalmente, es necesario que realicemos una valoración realista de lo que podemos esperar de manera razonable de los cuidadores afectados por la pobreza. Lo que sí sabemos es que la pobreza tiene un impacto sobre los niños y estresa a sus cuidadores y que puede hacer que los niños sean más vulnerables ante enfermedades graves, haciendo de ellos unos individuos inseguros y poco independientes, faltos de energía y curiosidad o retrasando o distorsionando su desarrollo físico y psicológico.
El desarrollo físico normal depende de la interacción adecuada entre un adulto cuidador y el niño en sus años de crecimiento. La ayuda especializada puede ser necesaria para estimular dichas relaciones de cuidado cuando las familias están desarraigadas debido a traumas como la pobreza, los cambios sociales, la migración, la violencia crónica, las catástrofes, los desastres, la enfermedad, la guerra, la violencia, la pérdida de los padres o los abrumadores efectos de la privación grave o el impacto emocional. Es importante comprender mejor los efectos de dichos factores sobre las vidas de los niños y sus cuidadores.
Las enfermedades como el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis exacerban lo efectos de la pobreza sobre los niños pequeños. Los ingresos por trabajo se pierden cuando el sostén de la familia cae enfermo y es posible que los niños tengan trasladarse a vivir con cuidadores retraídos y preocupados. Es posible que sufran estigmas e inestabilidad social si se les traslada de un hogar a otro, tiempo durante el cual dicha inestabilidad es perjudicial al máximo para su salud y bienestar.
Entre las cuestiones clave de lo anterior se incluyen: ¿cuáles son las formas más eficaces de tratar y reducir el estrés de los padres? y ¿cuáles son los factores que contribuyen a la capacidad de recuperación y para afrontar los mecanismos en ambientes de cuidado desafiantes para los niños? También es necesario considerar qué otros factores, como las creencias religiosas, las normas culturales o el género, son los más importantes, junto con la pobreza, en lo que se refiere a su impacto en las prácticas de la atención y la crianza de los niños en contextos locales concretos.
Finalmente, es importante resaltar que las pruebas demuestran cada vez más que el capital social es de vital importancia para la paliación de la pobreza y un desarrollo humano y económico sostenibles. Los programas para la primera infancia fomentan el capital social a largo plazo pero también es importante que consideren el estado existente del capital social en la búsqueda de enfoques holísticos que se puedan integrar adecuadamente con otras acciones comunitarias.
3. Procesos de intervención
La provisión de servicios es la clave para el programa de Cuidado. La relación niño-cuidador es de vital importancia y los servicios deberían tratar de implicar a los cuidadores primarios antes que recurrir a cualquier alternativa institucional. Los servicios deberían ser dirigidos por la comunidad y tratar los problemas reales. Deberían ser rentables, sostenibles y basados en las fuerzas existentes. Los enfoques holísticos e integrados funcionan mejor que las intervenciones aisladas.
Las intervenciones también deberían estar basadas en los derechos. Los enfoques basados en los derechos consideran a los niños pequeños no como beneficiarios sino como poseedores de derechos de forma que protegen sus intereses y su dignidad. Los enfoques basados en los derechos también hacen hincapié en la no discriminación, los mejores intereses del niño, el derecho a la supervivencia y al pleno desarrollo y la participación de los niños en todos los asuntos que afecten a sus vidas.
Sin embargo, es necesario que seamos conscientes del potencial de la existencia de tensiones entre las prácticas locales y la Convención sobre los Derechos del Niño. Lo que es aceptado de forma global puede no ser considerado como aceptable en todas las tradiciones locales. Es necesario que trabajemos para traducir los debates globales y nacionales sobre los derechos en peticiones y medidas locales.
Nuestras intervenciones se centran en la educación de la primera infancia, pero es necesario que tomemos en consideración otros sectores en mayor detalle, como la nutrición, el agua, la salud, el registro de los nacimientos, la salud mental, etc. Es necesario que mejoremos a la hora de conectar con los proveedores de otros servicios, como los clubs deportivos para jóvenes, por ejemplo, en la búsqueda de beneficios complementarios.
La prueba convincente que existe para justificar las inversiones en la primera infancia aún no se ha divulgado ampliamente o lo suficientemente bien y continua recibiendo inversiones mínimas por parte de los gobiernos y las instituciones benéficas. Muchas familias y muchos niños en situaciones de alto riesgo no tienen acceso a los servicios adecuados de apoyo y atención temprana. Muchos países carecen de una continuación sostenible de servicios posteriores a la atención prenatal.
Es necesario que consideremos cómo podemos ayudar a la hora de crear asociaciones entre el gobierno y las agencias de apoyo a la niñez, así como ayudar a las principales estructuras existentes de cuidado a enmendar sus objetivos y mejorar su modo de trabajo.
El cuidado óptimo para los niños pequeños sólo se puede lograr estableciendo modelos adecuados de provisión de servicios. Sin embargo, existe una falta de colaboración a la hora de establecer políticas de atención y educación que sirvan a los niños y a las familias más vulnerables y muchos trabajadores activos en la provisión de servicios convencionales no están al corriente de los asuntos, los conceptos y las metodologías clave relacionados con el cuidado. Es necesario que examinemos cómo se puede movilizar mejor a los creadores de políticas para tomar en consideración las necesidades y los derechos de los niños pequeños en el trabajo intersectorial.
Si deseamos movilizar a los responsables de la formulación de políticas y ejercer una influencia en la política, es necesario que concentremos nuestros esfuerzos de defensa en los asuntos más importantes, centrándonos es aquellas prácticas adecuadas que sean las más conductivas a ser establecidas como mayoritarias y aquellos procesos de intervención que creen y satisfagan mejor la demanda de servicios de cuidado y apoyo eficaces.
Objetivos del programa
Los objetivos del área de Cuidado son los siguientes:
- El fortalecimiento de los conocimientos, las competencias y las prácticas de los cuidadores que apoyan a los servicios de atención y aprendizaje temprano en un entorno que fomente la equidad y las oportunidades iguales para niños y niñas;
- La reducción del estrés y la mejora de la capacidad de los padres, los cuidadores y la comunidad para mitigar los efectos psicológicos y sociales de la pobreza en los niños pequeños y sus familias; y
- El establecimiento dominante de servicios eficaces y el fomento de políticas que maximicen el acceso a los servicios adecuados de atención, cuidado y apoyo para niños pequeños y sus familias.
Entre los indicadores se incluyen la definición de programas en los países que muestran mejores resultados para los niños pequeños, la reducción de los niveles de estrés en los padres y los niños y un mayor interés en los programas centrales en el ámbito local, nacional e internacional.
Estrategias del programa
La toma en consideración de los anteriores asuntos nos ha llevado a identificar tres estrategias interconectadas que guiarán nuestra programación:
1. Dar prioridad a la intervención a largo plazo
El apoyo a la provisión del servicio básico para la primera infancia es el enfoque prioritario. Para hacerlo adecuadamente, es necesario que dediquemos tiempo y esfuerzo en el análisis de situaciones locales para comprender qué cambios son necesarios y qué intervenciones son más adecuadas en el contexto local. Es necesario que comprendamos por qué la gente se comporta de la forma en que lo hace y para promover el diálogo que no sólo trate con síntomas sino también con sus causas.
Los servicios que se obtengan como resultado podrían basarse en el hogar, el centro o la comunidad, en función del contexto, pero deberíamos asegurarnos en todos los casos de que las relaciones intergeneracionales niño-cuidador son la idea central subyacente al cuidado, en situación de preferencia frente a las alternativas institucionales, que no implican una función central para el cuidador primario.
Entre las posibles intervenciones se incluyen el desarrollo de políticas y directrices claras sobre la calidad y los estándares del cuidado, el desarrollo de los materiales y las herramientas de formación adecuados, el tratamiento de los problemas de equidad de género y de igualdad, el apoyo a los socios para el fortalecimiento institucional y el desarrollo de la capacidad y el asesoramiento para los servicios que apoyan a los padres.
2. Mitigar los factores que estresan a los cuidadores
En los lugares de trabajo es necesario analizar cuáles son los factores más significativos que contribuyen al estrés de los cuidadores, como la pobreza, la migración, la enfermedad, etc., y que ejercen una influencia negativa en el futuro de los niños.
Es necesario escuchar las voces de los niños. Es necesario que los niños comprendan las decisiones que las comunidades adoptan y sean capaces de ejercer una influencia en la naturaleza de las intervenciones. Es necesario que dispongamos del tiempo requerido para aportar el conocimiento local, revisar y hacer una crítica sobre el pensamiento dominante y estudiar los vacíos en nuestra propia comprensión con nuestras contrapartes en lugar de someterlos a ideas preconcebidas.
También es necesario que comprendamos los límites de nuestro apoyo en áreas como la ayuda alimenticia, las medicinas, la nutrición y el apoyo sanitario, que harían uso de nuestros limitados recursos pero que no pueden ser ignorados. Si bien el centro de atención continúa siendo el desarrollo de la primera infancia y las relaciones niño-cuidador, el reforzamiento económico general es una parte integral de nuestra programación. Para tratar estos asuntos es necesario que tomemos en consideración las conexiones con otros participantes y proveedores de servicios.
Entre las posibles intervenciones se incluyen el reforzamiento económico doméstico y la defensa de políticas que apoyen, directa o indirectamente, a los padres, como las transferencias de dinero.
3. Modelos eficaces de ampliación
Es necesario que nuestras intervenciones sean capaces de establecerse como convencionales, de modo que podamos abogar por los cambios en la política pública para llevar a escala los modelos más eficaces. Al mismo tiempo que comprendemos que es posible que haya tensiones entre los derechos universales y las prácticas locales, es importante que elijamos a aquellos socios que compartan la postura de la Fundación.
Ayudar a las comunidades, las familias y los niños a pensar en términos de derechos puede ser especialmente útil a la hora de crear una demanda más local para una mejor provisión pública de servicios. Es necesario que investiguemos la mejor forma de traducir conceptos de derechos universales en estas demandas y acciones locales. Entre las posibles intervenciones en relación con esto se incluyen las publicaciones para difundir las estrategias exitosas y la asociación con organizaciones locales de promoción y defensa.
El enfoque del programa
La Fundación está revisando el trabajo existente en el campo de la atención y el cuidado. En el pasado se adoptaron enfoques de proyectos que más tarde se han ampliado para convertirse en enfoques programáticos. Sin embargo, estos han sido esporádicos, incidentales e inconsistentes. Nuestro enfoque programático pasará a ser más global para ofrecer pautas que siempre se deberán tomar en consideración y cuyas excepciones será necesario justificar.
Todos los programas comenzarán con estudios a fondo que investigarán los indicadores básicos y se llevarán a cabo evaluaciones anuales para comunicar las decisiones sobre la continuación de la inversión, la ampliación, el retroceso o la retirada paulatina. Estudiaremos la posibilidad de establecer una mayor presencia en el campo para ayudar con la monitorización.
Se llevarán a cabo investigaciones para reforzar la base de nuestra evidencia donde existan vacíos en aquello de lo que sabemos que es necesario profundizar más y cuándo existan nuevas percepciones de programación que sea necesario desarrollar. Es posible que los resultados de las intervenciones concretas requieran estudios especiales. Asesoraremos a nuestras contrapartes para que desarrollen la capacidad necesaria para llevar a cabo investigaciones y obtener pruebas basadas en la evidencia en el ámbito local.
La prioridad del equipo de Cuidado será el aprendizaje. Aprenderemos de los estudios de investigación y la literatura, las evaluaciones de los programas y las experiencias de campo. Esta cultura de aprendizaje debería ayudarnos a adaptarnos mejor y a ser más creativos e innovadores en nuestra programación.
Los programas se diseñarán dentro de un marco temporal específico, normalmente de entre cinco y diez años, además de algún tiempo adicional para la evaluación de su impacto y con una clara estrategia de salida. Preferimos trabajar junto con nuestras contrapartes locales, nacionales o internacionales por motivos de rentabilidad y para poder desarrollar la capacidad local necesaria para ayudar a garantizar la sostenibilidad.
Actualmente, el programa de Cuidado trabaja en tres zonas geográficas y continuará haciéndolo durante un tiempo en el futuro. Estás zonas son África meridional y oriental, Sudamérica y el Caribe oriental. Nos guiamos por una lista aprobada de países, pero también estaremos alerta en caso de que surjan posibilidades de prestar ayuda a servicios establecidos concretos en otros lugares.
Si bien la misión de la Fundación es centrarse en los niños de entre 0 y 8 años, prevemos que el enfoque de Cuidado se centrará especialmente en los niños muy pequeños, de entre 0 y 3 años, dada la evidencia que confirma que esta edad es de vital importancia para el desarrollo del niño y la desatención que este grupo de edad tiende a sufrir en términos de servicios.
Dado que la mejor forma de garantizar la sostenibilidad y la ampliación es ejercer una influencia en la política pública, la comunicación es una parte integral de nuestro trabajo: es necesaria para difundir la evidencia, demostrar la eficacia, hacer campaña y crear demanda. Esto requiere una documentación adecuada, un contenido claro y la capacidad de personalizar los mensajes para adaptarlos a audiencias concretas.
El presupuesto anual del equipo Cuidado, que es de aproximadamente 6 millones de Euros, se invertirá al 65%, el 25% y el 10% entre la práctica, el desarrollo de conocimientos y la creación de políticas respectivamente. El propósito de esta división de recursos es crear una masa crítica a través de la demostración de intervenciones eficaces, el desarrollo de los conocimientos y la inversión en la propugnación de la política. El objetivo de mantener estos porcentajes generales no restringe a las concesiones individuales para que se orienten en un 100% hacia las políticas. También utilizamos nuestra financiación para investigar cuáles son las posibilidades y en qué medida es adecuado recibir financiación externa.
